PORTADA VERANILLO

Recuerdo con cariño el día de recogida de notas en mi colegio. Al nerviosismo típico ante la circunstancia potencial de algún que otro “cate”, se le unía la excitación del comienzo “oficial” del verano, las vacaciones y de la diversión y tranquilidad que para un niño, supone este periodo de tiempo.

La Sociedad ha intentado “instaurar” esta misma filosofía vacacional. En vacaciones, poco stress, tranquilidad, buenos hábitos y sobre todo, nada de sobresaltos.

Como siempre, los mercados financieros y la economía acostumbran a pasarse “por el forro” toda nuestra filosofía social. Y es que no hay nada más que echar un vistacillo a la historia para ver que, el verano, es una época de sobresaltos, malas sorpresas, inicio de crisis, reventones de burbujas etc. En definitiva, la mayoría de las grandes crisis económicas, así como caídas bursátiles y ruinas financieras se han parido en nuestra “tranquila” época estival. Este año nos ha tocado los aranceles del señor Trump y la crisis de la Divisa Turca.

Corría un plácido día  11 de septiembre de 2008 y mientras que por la radio sonaba el “no one” de Alicia Keys, recibí una llamada de un bróker amigo mío. “Juan tengo un pelotazo seguro” Los bonos del solventísimo banco de inversión Lehman Brothers se estaban, no se sabe muy bien por qué, disparando en rentabilidad en el mercado. A ver: un banco de ese tamaño, esa implantación en el mercado y sobre todo esa solvencia (sic..), era una inversión a “ balón parado”.  Mi complejísimo modelo econométrico de análisis, el cual puede resumirse  en “nadie da duros a 4 pesetas” y, “el mercado nunca se equivoca”, me llevó a rehusar la “magnífica”  oferta.  Tan solo unos días después, Lehman Brothers se declara en bancarrota, sus bonos pasan a valer casi cero, y comienza la senda de la mayor crisis económica global de la historia del siglo XXI. Era verano.

Tan solo unos años después, y cuando pensaba que la cosa comenzaba a encauzarse en los mercados financieros, todos nos disponíamos a “descansar” en el veranillo del año 2012. Ya el año 2011 fue convulso para la deuda de los países en Europa. Nuestros vecinos Griegos y sus sucesivas amenazas y rescates habían llevado en agosto de 2011 (verano) la rentabilidad y riesgo de los países periféricos a máximos históricos. Pero bueno, la situación estaba más o menos estable, y parecía que podríamos irnos de vacaciones con cierta tranquilidad. Nada más lejos de la realidad: La nacionalización de Bankia en mayo de ese año y el “no rescate” de 100.000 millones de euros para este fin, arrastraron de forma dramática de nuevo a la deuda española a 10 años  a niveles insostenibles del 7,60%. En ese momento, y ante el contagio al resto de países periféricos, se comienza a hablar de “desmoronamiento del euro”, “vuelta a la peseta”, “rescate de España”, en definitiva… otro verano jorobado. Nada, poco descanso.

Con tasas de crecimiento económico superiores al 3% para España, el veranillo de 2016 se planteaba, por fin, tranquilo. “Este año si..” “ este año si..”, comentábamos plácidamente en la oficina. El Banco Central Europeo, con sus políticas y compras de activos, tenía controladas las primas de riesgo de la deuda soberana, el crecimiento económico global y europeo en particular iba “viento en popa”, todo parecía positivamente estable.  La poca “vidilla”, la daban las noticias que, en relación a esa votación “absurda” que los ingleses se habían sacado de manga para abandonar la Unión Europea, teníamos casi a diario.

Era entretenido. Pero solo eso. Prácticamente nadie en este mundillo valorábamos, ni siquiera la posibilidad remota, de que el referéndum diera el resultado que, desgraciadamente para mis vacaciones, finalmente obtuvo.

El día 23 de junio de 2016 pasará a la historia por cargarse “de un plumazo” la  credibilidad de todo un sector, el de las “encuestas”. Y no solo ese, incluso las “casas de apuestas” por internet apostaban firmemente a que el Reino Unido se mantendría en la Unión Europea. El Brexit no era concebible. Y el Brexit se produjo.

El día del la votación, el Ibex 35 cerró a niveles de 8.885 puntos con subidas del 2%. La madrugada nos sorprendió a los que como consecuencia del calor no podíamos dormir, con la noticia: El Brexit era una realidad.

Al día siguiente en apertura, el Ibex se dejaba más de un 15%, cerrando ese día a 7.787 puntos. Perdió un 12%. En una sola sesión.

¿Lo mejor?, aun tengo conocidos que me dicen…”lo sabía”.

El pasado Junio de 2017, el Banco Popular y su poco ortodoxa “venta” al Banco de Santander le dio el veranillo en este caso, a los inversores minoristas, los cuales tuvieron que irse de vacaciones habiendo perdido “ de un plumazo” toda la inversión que en acciones de Banco Popular, mantenían hasta ese momento. La historia de nuevo se repite, verano = algo chungo.

Es evidente que esta idea de “verano = vacaciones” ha calado profundamente en nuestras mentalidades. Y ya se sabe, esta forma de pensar se traduce en que los volúmenes de negociación del mercado son sensiblemente inferiores a lo normal.

A fin de cuentas  a nadie le gusta estar en la tumbona de la playa pegado a la bloomberg por el móvil o llamando a su bróker de confianza (que también está de vacaciones), para el consabido y ya manido teatrillo del Compra!!! O Vende!!

Es decir, que a menor volumen de negociación, más volatilidad. Más sensible se vuelve el mercado, y por consiguiente más sobre reacciona ante cualquier noticia, por simple que esta pueda parecer. Esta podría ser, en algunos casos, una explicación más o menos plausible de este efecto verano en los mercados. En los otros casos… a día de hoy, no les he encontrado la solución.

Esperemos que, ni la guerra comercial, ni la Lira, ni él petróleo, ni la devaluación del Yuan , que ya dio también su sustillo en el (como no), verano de 2015, nos joroben las vacaciones!!!!

Buen verano a todos, mis economistas de barbacoa!!!!!!