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¿Cual es la solución a la cuestión catalana? La sensación de muchos es que nos encontramos (una vez más), en un conflicto totalmente polarizado. Los independentistas abogan por su derecho a decidir, por su sentimiento catalanista y por la “mala influencia” del Estado sobre su región. Por otro lado, la Constitución ampara a quienes desean que la ruptura no se realice, afirmando que seria, aparte de una ilegalidad, un gran error económico. (Que follón).

Necesitamos a un tercero independiente que no entienda de argumentos. Así que… ¡preguntemos a los mercados financieros!

Creedme cuando os digo que, a un inversor internacional, por mucha pasta que tenga, le importa un pimiento el “sentimiento”, la identidad histórica o cultural de la citada región de España, la cual, la gran mayoría de ellos, no sabrían ni situar en un mapa.

Partamos de esta base.

La intención de fondos internacionales, gestoras e inversores es solo una: Ganar dinero con el menor riesgo posible. Y es que filosofar es fácil pero:

 “El mejor indicador siempre lo da el que se juega su pasta”

La pregunta es simple: ¿Una Cataluña Independiente, sería más rica y próspera?

Según los partidarios de la Independencia sí.  Pero ¿qué opinan los mercados?

La deuda emitida

Teóricamente, si los inversores “creyesen” el mensaje rupturista, los bonos de Cataluña deberían subir como la espuma. ¿No? A fin de cuentas, y desde una lógica simplista, si el nuevo estado es más fuerte y solvente, tendría muchísimos menos problemas para financiarse…luego, ¡vamos a prestarle!!!

Veamos a ver qué ha ocurrido con su deuda viva… tomemos un ejemplo:

Fuente: Bloomberg

La caída en el precio ha sido brutal. ¿y esto?, sencillamente los inversores han decidido “pirarse” literalmente del riesgo de Cataluña.

Ya desde el año 2012 el Gobierno Catalán no ha logrado colocar ningún tipo de emisión significativa en el mercado. El mercado “no quiere su papel”, su financiación ha quedado supeditada al denominado FLA (Fondo de Liquidación Autonómica). Básicamente,  Cataluña y la renovación de sus vencimientos de deuda, está siendo financiado por el resto de España.

Es decir, los inversores internacionales no solo no ven más prosperidad en la independencia (que habría supuesto mayores compras…), sino que, ante esa posibilidad, salen espantados como alma que lleva el diablo.  

Algún iluminado de barbacoa, podría decir aquí que este primer factor de análisis se produce por la incertidumbre y que, ante esta, el dinero es muy cobarde. Analicemos por lo tanto nuestro segundo factor:

“El rating”.

Para nuestros economistas de barbacoa profanos, comentar, que existen una serie de empresas “independientes” que “califican “o ponen una nota a cada país, región, empresa y emisión, en función de su solvencia. Hablamos de las Agencias de Rating.

Como ya he comentado estas calificaciones, en el día a día de mi trabajo molan bastante. Ya que de un vistazo y sin tener que hacer profundos análisis y disertaciones, tienes un punto de partida, una primera criba, de lo que vas o no vas a comprar.

Esas “notas”, al igual que las del colegio, tienen una escala que comienza por AAA, (siendo esta la máxima calificación posible, que es la que actualmente tiene, por ejemplo, Alemania). Su interpretación es…” pase lo que pase, con un 99,99% de probabilidad, si me prestas pasta, te la voy a devolver”. Sería la “matrícula de honor” de los prestatarios.

Evidentemente los bonos con esta calificación serán los más caros, (los que menos rendimiento dan), ya que son los más seguros.

El fondo de la escala de calificación es C. Una emisión calificada con esta letra conlleva que como inversor no vas a ver un solo euro de los que has prestado. Este “lo has perdido todo con un 99,9% de probabilidades”, tiene un nombre bastante pintón en Ingles que enmascara bastante bien a lo que de toda la vida se ha llamado “moroso”. Hablamos de “Default”.

Entre el AAA y el C hay varios escalones AA+, AA, A+ BBB… etc etc etc. Siendo más o menos elevados en función de la agencia que califique. Cada país, empresa o emisión se encontrará situada en uno o en otro escalón en función de su probabilidad de impago.

El “Aprobado” se encuentra en el BBB-. Y como los palabros en finanzas son fundamentales, aquellos ratings superiores al aprobado se denominan “Investment Grade” o “Grado de inversión”.  Término que, colocado hábilmente en nuestras charletas de Barbacoa, nos proporciona un halo de sabiduría y misticismo inenarrable.

Por el contrario, ratings inferiores al aprobado, se han denominado de “toda la vida”  como Bonos Basura o en Ingles “Junk Bond”.

Alguien tuvo que percatarse que llamar basura a algo que se quiere vender favorecía bien poco la venta, y aprovechando el hecho de que, cuanta más probabilidad de no pagarte, más interés me vas a exigir, decidió “re denominar” a Bonos de Alto Rendimiento.

“High Yield”. Que duda cabe que al que se le ocurrió la idea es un genio.

Explicado ya el tema del rating, sigamos. Pues bien… ¿Y Cataluña? ¿Que rating tiene?  ¿Y cómo ha evolucionado desde el anuncio del “process”?

Actualmente la calificación crediticia de España es BBB+ (por S&P), es decir un aprobado alto. Nota esta superior a la de países como Portugal e Italia.

¿y que pasa con Cataluña?

B+, es decir, tiene el calificativo de “Bono Basura” o bueno, Bono de Alto Rendimiento. La perspectiva que la agencia S&P otorgó a esta comunidad (la de peor calificación de todas las regiones españolas), fue de Negativa el pasado Julio de 2017. Cuando ya se había iniciado todo el sarao. Todas las referencias de las agencias de rating en relación al riesgo secesionista han sido negativas.

Para que nos hagamos una idea, esta misma calificación crediticia (B+) es la que mantienen países como: Albania, Kenia, Sri Lanka, Papua Nueva Guinea o Senegal.

Luego la solución es simple. Con solo escuchar al mercado, el cual se encuentra lejos de rencillas historias, sociales, políticas y hasta jurídicas, y que se centra tan solo en una cosa: la pasta y sobre todo si al ser independiente vas a tener recursos para devolvérmela.

Es bastante evidente que la cuestión independentista, desde un punto de vista económico y sobre todo, de un tercero «no afecto», no parece buen negocio.

Buena tarde a todos!!!!