prima

Todos recordamos con añoranza aquella época dorada donde casi mientras comprabas el pan o esperabas a cruzar una calle en un paso de cebra, te ofrecían un préstamo. Y es que era realmente tentador el  hecho de cambiar de casa, coche o pegarte un viajazo. Tanto más,  si llamadas, mails, anuncios televisivos o cafelillos con el director de la sucursal te lo recordaban continuamente.

El “pollaque” tan español estaba a la orden del día. “Pollaque constituimos la hipoteca, pide un poco mas y píllate un mercedes”

Las entidades batallaban estoicamente por conceder el mayor número de préstamos posibles. Tipos más bajos,  plazos más largos o importes más altos eran sus armas de combate.  La ausencia de celo, así como una elevada competencia y una falsa percepción de que todo era de “luz y color” alimentaban el deseo de endeudamiento.

La Banca se habían cargado de un plumazo el llamado “Binomio rentabilidad-riesgo”. Este concepto es el causante de que, si tuvierais que prestar dinero a alguien, seguramente lo haríais mas alegremente a Amancio Ortega que a este que os escribe, o el hecho de que yo invierta en bolsa aún sabiendo que puedo perder más dinero que si hago un depósito en el Banco, ya que espero obtener más rentabilidad.

A más nivel de riesgo, más rentabilidad.  Como inversores pedimos una “prima adicional por un mayor riesgo asumido”.

Seguro que a más de uno ya le va sonando el término.

El concepto “prima de riesgo” lo tenemos muy vinculado a la deuda pública de países. Pero todos nosotros, como agentes que participamos en la economía, tenemos nuestra propia “prima”.

El hecho de que mi hipoteca sea más cara que la de mi hermano o de que mi centro comercial no me permita pagar a plazos mis compras y a él sí, se debe a que mi “prima de riesgo” es más elevada que la suya. Es decir, puestos a no pagar… teóricamente, yo dejaría de pagar primero.

La prima de riesgo siempre ha de calcularse a partir de un activo que no tenga riesgo… ¿eso existe?, no, pero para nuestro caso tomamos como referencia a Alemania (sería el equivalente a Amancio Ortega en personas físicas).

Este término es muy importante, ya que es ampliamente usado por iluminados expertos en economía en tertulias y  barbacoas, sobre todo en su acepción de riesgo del país.

Vamos a ver como funciona:

Alemania emite deuda (pide dinero) por la que paga un determinado tipo de interés a un plazo. España, también emite y se financia a ese mismo plazo con un coste. Pues bien, la diferencia entre lo que paga el Amancio Ortega de los países (Alemania), y el Juan Antonio Molina (España), es la prima de riesgo. En mi caso, lo que he de pagar de más que el fundador de Zara por ser yo un “tieso”.

A veces, la cosa se pone tan fea, que todo “quisqui” que tiene pasta no quiere financiar a “tiesos” y todos quieren prestar al Sr Amancio, el cual piensa…  ¿Y si cobro por los prestamos que me hagan?. ¿Mande?, ¿cobrar por recibir dinero prestado?  Y así ocurre… aquellos que tienen dinero prefieren prestarlo “sin riesgo”, aunque les cueste el dinero (reciben menos de lo que prestan), que asumir el riesgo de dejárselo a alguien que no se lo pueda devolver.

Algún “avispado” ya habrá pensado ¿y si no se lo presto a nadie? Salvo que se decidiera mantener ese dinero en “cash” (físicamente), el exceso que no se invirtiera… habría que devolvérselo al Banco Central… y aun coste mayor (al -0,40%). En otro post analizaremos como, aún con tipos negativos de inversión, las entidades ganan dinero.

Esta situación un tanto surrealista la  hemos podido ver directamente en el caso de Alemania con tipos negativos en su deuda pública (cobran por que le presten).

Una cuestión fundamental a conocer para discrepar mientras nos tomamos nuestras cañas es, ¿qué va a modificar esa prima de riesgo? Veamos algunos factores que afectan a esta:

  • Crecimiento económico. Al igual que si me suben el sueldo o me toca la lotería, mi banco me dará mejores condiciones (baja mi prima de riesgo), cualquier dato económico positivo en España va a reducir la prima de riesgo respecto a Alemania.
  • % de deuda pública emitida. Para saber si un país está más o menos endeudado, se calcula su % de deuda pública sobre PIB. Aquellos países que decidan endeudarse más, tendrán más riesgo, con lo que los inversores exigirán más rentabilidad para comprar su deuda, aumentando su prima.
  • Tipos de Interés muy bajos. Los inversores buscan rentabilidad y evidentemente, si las inversiones alternativas no ofrecen mucho “rédito” tenderán a adquirir aquellas más rentables que, serán las que más prima de riesgo ofrezcan. El aumento de demanda de estos activos, reducirán las primas de riesgo.
  • Exceso de liquidez. Grandes niveles de liquidez (recordad que esta es inyectada por el Banco Central), obligará a buscar “donde sea” sitio para colocarlas, aunque tengan más riesgo. De nuevo, más demanda, menos prima.
  • Tipos bajos + exceso de liquidez. 2+2=5. Si sumamos las dos anteriores, tenemos la «bomba perfecta». Necesidades de rentabilidad + me sale el dinero por las orejas + euforia por que todo va genial = presto a quien sea. La prima de riesgo se reduce. En la época de luz y color de principio de siglo, la prima de riesgo entre España y Alemania era… 0.
  • Contagio. El riesgo percibido es como un virus. Si a Grecia las cosas les van mal: La prima de riesgo de España aumentará. (la gente se protege comprando deuda sin riesgo hasta que pase el vendaval, con lo que la prima aumenta), si dimite el primer ministro Italiano, la prima de España aumentará.
  • Rating. Algún día dedicaremos un post a analizar a las empresas de calificación crediticia, su poder e influencia así como sus principales pufos. Es evidente que, bajos niveles de rating o revisiones a la baja de los mismos, aumentan el riesgo percibido y por lo tanto la prima de riesgo del país en cuestión.

Buen día a todos!!!