monkey

A lo largo de mi experiencia vital he aprendido que todas las personas nacemos especialistas en tres importantes ramas de la sabiduría: Los Vinos, El cine y la bolsa. No hay que ser muy observador para deleitarnos con los suaves movimientos de copa de nuestro Jefe, amigo o cuñado intentando sacar los colores y matices de su vino, o de cómo es capaz de detectar el irresistible sabor a madera del noble caldo aunque en la etiqueta figure la palabra “joven” y lo más cerca que haya estado la botella de la madera sea la caja donde venía envuelta. Lo mismo es extensible al cine. Sin embargo, la habilidad innata más tardía en florecer son los conocimientos bursátiles. Cuando mis amigos comenzaban a preguntarme a que me dedicaba y yo les respondía, la cuestión era siempre la misma: ¿dónde tengo que meter la pasta para hacerme rico?, y mi respuesta siempre, también la misma.”

– “ ¿ que donde tienes que meter la pasta? No tengo ni puñetera idea. Si lo supiera, ya sería rico y no estaría aquí hablando sandeces con un petardo como tú”

La última parte tan solo era reproducida en mi cabeza. Mi respuesta era bastante efectiva puesto que no volvían a preguntarme nunca más… hasta que se daba una circunstancia.

Lo peor que puede pasarle a un idiota es que tenga buena suerte, haga una inversión y gane algo de dinero. Efectivamente resalto lo de <algo> ya que no es necesario que gane mucho para que su ego crezca y se expanda más rápido que un rumor en la oficina.

El concepto de aleatoriedad no es comprensible para su cerebro el cual siempre pensará que el golpe de suerte es debido a su alto conocimiento y sabiduría en la materia, aunque jamás haya ido a ninguna universidad o curso o quizá, los más “eruditos”, se hayan comprado un libro de “Análisis técnico por velas japonesas”, que es excelente para explicar a los amigos en las veladas de barbacoa y parecer un auténtico inversor inteligentísimo y envidiado.

Con el ser listo ocurre lo mismo que como quien se compra un Ferrari: no tiene ningún sentido tenerlo si no lo paseas y alardeas de él. Expresiones como << Te lo dije>> o <<¿no compraste?>> son habituales en estos seres, seres que, extrañamente son abducidos por extraterrestres y eliminados del mapa cuando el mercado baja y pierden hasta la camisa.

El mercado bursátil posee un gran componente de aleatoriedad. Corría el año 1969 cuando los editores de la prestigiosa revista FORBES plantearon el reto de demostrar este hecho; que el comportamiento de los mercados bursátiles es aleatorio e impredecible

El experimento en cuestión consistía en colocar en un panel las páginas del New York Times donde figuraban las cotizaciones de la bolsa y a unos dos metros de distancia, sentado en un taburete, un simpático mono el cual debía de lanzar dardos a dichas páginas creando una cartera con aquellos valores que el azar hubiese elegido. Al parecer lo de utilizar a un mono debió de plantear algunos problemillas técnicos con lo que el simio fue sustituido por un periodista que lanzo 28 dardos sobre las páginas de cotizaciones. El seguimiento de esta cartera duró hasta el año 1984. El <> logró en este periodo de tiempo, superar en rentabilidad a todos los índices de mercado y a la inmensa mayoría de los gestores profesionales de Wall Street en activo durante ese plazo.

Las enseñanzas de esta historia serían:
- La inteligencia de un mono supera ampliamente a la del ser humano.
- La obligatoriedad de aprender el lenguaje de los monos “Grroorr”= Te lo dije, “Arggg“= ¿Pero no has comprado?