aranceles

Cuando era pequeño, en los partidillos de futbol del patio del colegio, había una regla no escrita. Cualquier jugador que “osara” impactar el balón con más fuerza de la debida, era condenado a, espalda en pared, recibir un pelotazo del capitán (normalmente el que más fuerte daba) a modo de reprimenda. Aún con la existencia de esta norma “anti trallazo” disuasoria, siempre existía el “brabucón de turno” que se la saltaba con la esperanza de, o bien el equipo contrario no se diera cuenta o de que el capitán del otro grupo fallara en la aplicación de la “justicia deportiva”.   Al final, el resultado era que dos jugadores (uno de cada equipo), acababan con alguna parte de su cuerpo (tradicionalmente la espalda o el culete) enrojecida y un precioso “Mikasa” a modo de tatuaje en el centro.  Todos perdían.

En los últimos días estamos viviendo una cierta “desazón” ante la medida del “iluminado de barbacoa” Donald Trump, de aumentar los aranceles para las importaciones del acero y aluminio que Estados Unidos compra a otros países.

Para los más profanos. Un arancel no es más que un “impuesto” que un país impone a otro para que este último pueda vender sus productos en el primero.  Facil ¿verdad? La justificación de la decisión del mandatario americano se basa en la “Protección de los Bienes Internos frente a los extranjeros”.  Se encarecen los bienes exteriores y así se potencia que los americanos (grandes consumidores), construyan sus barbacoas con acero y aluminio “made in USA”.  De esa forma las empresas americanas producirán más y por tanto generarán más empleo y más felicidad a sus ciudadanos. ¡Ole por el presidente Trump!

Hasta aquí el argumentario del Sr presidente es correcto. Y los efectos de la medida se producirían, siempre y cuando se cumpliera un “pequeño” matiz:

– Todas las empresas americanas produjesen Acero y Aluminio.

El problema es que América produce refrescos, coches, zapatillas, hamburguesas y podemos decir que hasta su propia cultura.  Como referencia, en el año 2016, el valor de las exportaciones americanas ascendió a 1,4 billones de dólares. No es “moco de pavo”.

Es evidente que la medida goza de todo el contenido aislacionista, brabucón y populista del que ha hecho gala el presidente Trump.  Vamos, que el “Trallazo” lo ha pegado él primero. Pero tampoco es menos cierto de la gran capacidad tanto de producción, como de consumo que China y Europa poseen en la actualidad, aparte de, este último, ser el país que más deuda pública americana adquiere) y la respuesta no se ha hecho esperar.

La Unión Europea ya ha anunciado la imposición de aranceles a bienes producidos en Estados Unidos, algunos de ellos tan comunes como los Vaqueros Levy´s y probablemente el gigante asiático tomará las mismas medidas, (u otras peores). El razonamiento es simple. Si me jorobas a mí, te jorobo a ti. O asimilándolo al patio de mí colegio… tras el balonazo… ahora me toca a mí. En otras palabras, el beneficio que la economía americana va a tener como consecuencia de este “incentivo” a corto plazo, va a durar menos que un caramelo en la puerta de un colegio. “Las gallinas que salen por las que entran”. O “los pelotazos que recibo por los que doy”.

El problema es que al final ambas economías van a salir seriamente perjudicadas. Por muy “fácil de ganar” que, según Trump, sea una Guerra Comercial.

Este hombre, del que incluso dudo que sea un buen empresario, gestiona este asunto como si de una empresa se tratase. Y hay una gran diferencia entre ambas. La diferencia entre “Competencia” y “Colaboración”. Las empresas privadas actúan en un entorno de competencia, gestionando sus variables para ser más fuertes y tener más peso en el mercado en el que actúen. Sin embargo, esta regla no aplica a los países. Los países han de actuar bajo “colaboración”.

Fue David Ricardo quien hace más de 200 años desarrollo el concepto de “Ventaja Comparativa”, la idea es simple: Cada país ha de especializarse en aquello que comparativamente al resto, sea más eficiente. Posteriormente, el intercambio comercial hará que todos los países cuenten con todos los recursos de la forma más efectiva. Todos ganan, actuando de forma colaborativa. Si estas tesis ya eran válidas para el siglo XIX, imaginémonos las mismas en un ambiente de globalización total e inmediatez de la información.

El tema de los aranceles no es baladí, (y no quiero se apocalíptico). Fue en 1930 cuando el gobierno de Estados Unidos aprobó un aumento arancelario global con el objetivo de hacer frente a la crisis económica derivada del crack del 29. Esto provocó que el resto de las naciones llevaran a cabo similares aumentos, acabando esta “estrategia” en un aislacionismo de Alemania que desembocó en la Segunda Guerra Mundial.

Así que… cuidadito con los “trallazos” que el partido puede acabar muy mal.

Buena tarde noche a todos.