Salarios

No hay día que algún cliente, vecino o amigo me pregunte ¿cuándo van a subir los réditos? El tradicional concepto, rédito, que se utiliza para llamar a los tipos de interés, y su aumento, se está haciendo de rogar. La tan esperada subida de tipos de interés en este entorno de “recuperación, luz y color” no acaba de llegar. Y es que, se diga una cosa u otra por parte de los gobernantes los precios no acaban de tirar.

Eso como mínimo es “paradójico”, ¿no hay más empleo?, ¿no hay más crecimiento…? ¿Entonces?

Ya sabemos que para que aumenten los precios de algo, han de ocurrir alguna de estas dos cosas:

  • Que haya escasez del bien, (Como lo saben las personas de zonas playeras cuando, en un periodo de vientos y tormentas en las costas, acuden al mercado a comprar su pescado.), para la misma demanda.
  • Que haya exceso de demanda para la misma cantidad del bien. Este fenómeno explica claramente por que el precio de una entrada de un clásico Madrid – Barsa cuesta mucho más que cualquier otro partido de la temporada.

Es evidente que exista mucha demanda de cualquier bien, ha de haber la pasta suficiente en los bolsillos de los consumidores para poderlo comprar. Algunos economistas acertados dirán que el valor de las expectativas hace mucho y que una buena visión del futuro ayuda, y están en lo cierto, pero en última instancia el tema pasa por… “si tengo dinero gasto, y si no…no”

Con esta situación, el Banco Central Europeo no comenzará a subir tipos hasta que el aumento del consumo no empiece a generar inflación “real, contante y sonante”. Es decir, que los precios empiecen a subir. Al hablar de “real” me refiero a la subyacente, no al hecho de que como consecuencia de revueltas internacionales el precio del petróleo se ponga por la nubes y mal confundan algunos los aumentos en la gasolina y la bombona de butano, con una fiebre consumista aupada por la increíble evolución de nuestra economía.

Cientos de tesis económicas nos darán una iluminada explicación a este concepto, pero el caso es que, mientras que no suban los salarios, las personas en general, no aumentarán su consumo y sin consumo, no se generará una recuperación real.

Este es el motivo fundamental por el que el aumento en los niveles de consumo, constituye uno de los llamados “indicadores adelantados” más sencillos de entender  de la economía.

Los indicadores adelantados van a anticipar un cambio en el ciclo económico.  Sin embargo, en este caso ¿qué esté pasando?, teóricamente estamos entrando de nuevo en la espiral de luz y color que los políticos nos quieren vender, y los datos de crecimiento nos indican que ya hemos salido ampliamente de la crisis. ¿entonces?

¿De donde viene por tanto este crecimiento y esta vuelta a la felicidad? Veamos:

Incremento en las exportaciones: En el primer trimestre de 2017, estas se han incrementado un 4%.

Claro está que, si operamos con salarios más reducidos, las empresas se hacen más competitivas. La palabra “competitivas” mola bastante y trasmite un cierto halo de supremacía y poder que a efectos comparativos es bastante chulo. Sin embargo, en nuestro caso, esa competitividad se ha forjado a través de una devaluación de los salarios, que permite por un lado reducir los precios de los productos y por otro aumentar el margen.

Formación bruta de Capital: Crecimiento del 2% en el primer trimestre de este año. Otro concepto también que hará las delicias de nuestros contertulios en nuestras veladas de barbacoa. Este concepto “en simplicidad” no es más que aquella cantidad de pasta que las empresas anualmente se gastan en maquinaria nueva y activos necesarios para producir o vender sus productos. Es evidente que, si las empresas exportan más (venden en el extranjero), deberán de invertir más en maquinaria. Y esa pasta, ¿de dónde sale?  Préstamos de las entidades y reteniendo parte los beneficios que el “ser más competitivos” les están generando.

Crecimiento del 0,4% en el consumo doméstico en 2017. Sin comentarios.

Algún día hablaremos de las taras del PIB como indicador de crecimiento económico y sobre todo de su “infusa” relación con la riqueza y bienestar individual. Crecimiento no es sinónimo de bienestar ciudadano. Y que por mucho que los datos macroeconómicos nos estén dando muchas alegrías, como las empresas no comiencen a ser competitivas en salarios, pero al alza, el consumo no se reactivara en firme y por lo tanto tampoco nuestro bienestar.

¡Muy buena tarde a todos!!!