post subida de rating Fitch

La palabra “expectativa” se suele utilizar por los economistas en dos momentos muy puntuales: el primero, cuando se está produciendo una situación en el mercado y no tenemos ni pajolera idea de a qué se debe y dos, cuando esperamos un determinado desenlace en algún aspecto, tengamos o no la misma “ni pajolera idea” de si finalmente se producirá.

Lejos de criticar todas las escuelas de pensamiento económico que han desarrollado este fenómeno de las expectativas, y que, algún día desarrollaremos en simplicidad, fueron estas (las expectativas), las que hicieron que durante la época de las compañías .com, empresas de 4 empleados y con cuantiosas pérdidas tuvieran una capitalización de mercado similar a la de grandes bancos.  Y son las que están provocando que los gestores de Renta Fija nos decantemos por activos a tipo variable y de corta duración ante la “inminente “ llegada  de la subida de tipos de interés en Europa, llegada que lleva dos años haciéndose de rogar.

Ya en el ámbito más local, también eran las expectativas las que hacían erigirnos como constructores de adosados en el recién recalificado patatal de nuestro abuelo, con la esperanza y seguridad de que, nos haríamos ricos.

Ya en uno de nuestros post analizamos en profundidad el significado y perspectivas de la “prima” más famosa de los últimos tiempos, la de riesgo.  Pues bien, en los últimos días, esta prima (diferencia entre lo que pagan los alemanes por financiarse y lo que pagamos nosotros), se ha reducido considerablemente.

Es de recibo el pensar que, si esto ha ocurrido, es porque se ha dado alguna noticia o mejora en la situación económica en los últimos tiempos. Pues nada de eso. Las perspectivas (y buenas) económicas son las mismas que hace unos meses. No se ha producido ningún evento “nuevo” que justifique esta considerable mejora.

¿Qué es lo que ha cambiado?, simplemente “las expectativas” de que la agencia de rating Fitch mejorara, y como así finalmente se ha producido, la calificación crediticia de España.

Recordemos que el coste de nuestra deuda pública incide directamente en nuestros bolsillos o en el peor de los casos en los servicios públicos de los que podemos disponer.  Es decir, y aunque en este caso nos haya beneficiado, las economías se encuentran más influenciadas por las opiniones de un tercero, (del cual su independencia es en muchos casos como mínimo cuestionable), que por sus fundamentales “reales”.

¿Cómo es posible que una agencia externa tenga tanto impacto en una economía?

 Básicamente por lo que podemos llamar como “Vagancia de análisis” y ahí va la crítica…

Por muy “glamuroso” y sofisticado que todo parezca en el mundo de la alta finanza, incluso los “iluminados” de más alta alcurnia necesitan en un momento determinado justificar las decisiones que toman. Y la mayoría de las políticas de inversión incluyen el “rating” como uno de los criterios fundamentales para la toma de decisiones. ¿para que complicarme analizando…?

¿Dejar nuestras inversiones en manos de terceros? Efectivamente.

Es más, incluso las estrategias de inversión de muchos grandes fondos se realizan en función de la calificación crediticia…

Comprar activos con nivel superior a BBB, o vender los mismos si pierden este nivel (el llamado “grado de inversión”), se han transformado en estrategias habituales totalmente aceptadas por los mercados.

Esta es una de las razones que explica el efecto de un aumento en la calificación crediticia de España por parte de la agencia Fitch y de la reacción que, (inicialmente la expectativa y posteriormente la realidad), se ha producido en la prima de riesgo.  En este caso y sin que sirva de precedente si nos ha favorecido.

El incremento del rating, en una palabra, “amplía” el universo de inversores que pueden acceder a este Bono por política. Nadie se plantea si realmente algo ha cambiado, o si la empresa de rating tiene algo, ninguna o toda la razón. Se modifica la calificación, ya sea al alza o a la baja y hay que comprar o vender… así de simple.

La agencia “toma” indirectamente la decisión o como diría mi sobrino, ” tiene el power”.

Podría pensarse que son las empresas privadas las que sucumben a esta “sugerente” vagancia. Pero no. El propio Banco Central Europeo utiliza las empresas de rating para determinar si una deuda puede o no ser válida para usarse como garantía en operaciones de préstamos que el propio Banco Central efectúa con otros Bancos.  Las agencias determinan qué activos se admiten y cuales no por parte del Banco Central Europeo para sus operaciones de crédito. ¿no sería más lógico que las condiciones las ponga el “prestamista” y mucho más tratándose de una institución pública con una incidencia tan vital en la economía de todo un continente?

Pues no… Fitch, S&P y Moody´s, agencias que no son ni si quiera Europeas… mandan.

Mucho tienen que agradecer las autoridades y sobre todo los ciudadanos Portugueses a la agencia DBRS. Esta agencia ( canadiense), mantuvo en todo momento el grado de inversión a la deuda portuguesa. Mientras tanto , las tres americanas la bajaban a bono basura. Gracias a este hecho, el Banco Central Europeo seguía aceptando la deuda lusa en sus operaciones, y resultaba por lo tanto, ser un activo aún interesante para las Entidades.

Si DBRS no hubiese mantenido su rating, y la deuda portuguesa pierde su “elegibilidad”, sencillamente hubiera sido catastrófico para la economía portuguesa, disparando su prima de riesgo y afectando negativamente su ya maltrecha economía en ese momento. Y entre tanto, y si eso hubiera ocurrido, al Banco Central Europeo… plin.

Para acabar una reflexión….Estas empresas son las mismas las que en 2008 calificaban con una “altísima” nota de A+ a Lehman Brothers, tres días de su quiebra. y es que como las propias agencias siempre afirman… ” solo es una opinión”

De todas formas.. Gracias Fitch.