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Hace un par de días, un eufórico iluminado de barbacoa me comentaba el hecho de que, en nuestro país una de cada cinco personas está en el paro. Aún con una tasa de desempleo del 20%, esto formalmente, no es así.

La expresividad y convicción en su argumento mientras degustaba un polvorón, me hizo reflexionar en el concepto de tasa de paro y, sobre todo, de la manipulación y la des correlación que el cálculo de esta tasa tiene respecto al bienestar económico de la gente de a pie.

La tasa de desempleo que magistralmente utilizan nuestros políticos a sus anchas y en su interés, se define así:

Tasa de paro = Población desempleada / Población activa

Los argumentos de mi “amigo iluminado” hubieran tenido sentido si la población activa la conformaran el total de personas que pueblan este país. Pero esto no es así. La población activa recoge aquellas personas que se encuentran en edad de trabajar (Evidentemente esto excluye a mi sobrino de 3 años y a mi madre pensionista).

Por otra parte, la población desempleada, serían aquellas personas que se encuentran sin empleo y están activamente buscándolo, (con lo cual, nos hemos cargado de un plumazo a todos los estudiantes y “amos y amas de casa” en este grupo).

Con esta fórmula, el denominador sin duda, se ha reducido bastante.

Teniendo ya claro que una tasa de paro del 25% no se refiere a que una de cada cuatro personas no trabaje, otra cuestión que este indicador no recoge es la calidad del empleo que se crea o destruye. Las reducciones de esta tasa son vendidas a bombo y platillo por el gobierno de turno como genialidad sin pararse a analizar sí el trabajo creado es de mayor o menor nivel, o de lo que el mismo aporta a la economía y los ciudadanos.

Y es que, el indicador, juega siempre a favor de los gobernantes.

¿Se puede vivir como un Noruego con una tasa de desempleo del 50%?.

La respuesta es si…

Como Economistas de Barbacoa tenemos la obligación de hacer nuestras reflexiones “en simplicidad”, así que, qué mejor simplicidad que analizar la familia de mi vecino Javier.

Javier perdió su empleo hace 10 años. Tras 2 buscando trabajo y dado que su mujer Ana trabajaba como consultora en una importante empresa de auditoria, decidió dejar de buscar empleo y dedicarse a las llamadas “tareas del hogar”. Ana tenía un salario de 2.500 euros netos al mes. Ambos tenían un hijo de 22 años que, acabada la Universidad, estaba buscando trabajo, y al abuelo que, con una pensión de 800 euros, pasaba la mayor parte de sus días en Benidorm disfrutando de paseos y partidas de mus.

El  <<micro>> país de mi vecino Javier tenía la siguiente estructura:

La familia de Javier

Según el concepto de “tasa de paro” aprendido, esta economía poseía un total de 2 miembros como “población activa” (Ana y Daniel), y un miembro en paro. (Daniel).

La tasa de desempleo de su especial mini país era de un friolero 50%, y su economía poseía unas rentas mensuales de 3.300 euros. Aún con esa tasa de paro, la familia vivía más que holgadamente y feliz. Los ingresos medios de cada miembro eran de 825 euros.

tasa de paro 50%

En el año 2012, un ERE en la empresa de Ana la obligó a cambiar de empleo. Una aseguradora contrató sus servicios con un salario de 1.500 euros netos al mes.

<<Qué como es la cosa, está muy bien>>, me comentaba Ana.

Por suerte el hijo mayor encontró un empleo, por el que percibía 750 euros.

<< todos mis compañeros o están en el paro o están fuera de España, soy un afortunado>> decía el joven Daniel.

Por otra parte, y un año antes, la familia decidió que ya era hora de ser ampliada. Y tuvieron a Ana María, que junto con Daniel conformaban la “parejita” de hijos de la familia.

Tras el alumbramiento la situación familiar en 2012 era:

nueva familia de javier

La población activa continuaba siendo la misma, Ana y Daniel, sin embargo, su familia se encontraba en “pleno empleo”, la tasa de paro era en ese momento del 0%.

tasa de paro 0

No hay que tener un master en Economía de Barbacoa para darse cuenta que, por un lado, su nivel de ingresos se había reducido en 250 euros (un 7,5%), pero y aún más sangrante, si calculamos su ingreso per cápita este había caído un 26%, al ser un miembro más en la familia.

Su economía con un flagrante “pleno empleo”, a simple vista y con un retoño más, no parecía ya tan holgada.

Por mucho que desde determinados ámbitos este argumento pueda ser tildado dentro de una u otra corriente de pensamiento político, “vender” el aumento del empleo como un síntoma de “gestión iluminada” o de genialidad económica es una falacia.

Pero ojo, no os mojéis, u algún iluminado os tildara de verde, azul, morado o amarillo, mientras degusta un choricillo al calor de la barbacoa. Como economistas de barbacoa expresaremos que, en esta cuestión, la visión ha de ser absolutamente global. La calidad en el empleo y sobre todo su aportación a la economía no la dan el número de puestos creados analizados de forma aislada. Su análisis ha de ser conjunto. En este caso cantidad y calidad han de ir de la mano.

Espero que este ejemplo de mi buen vecino Javier os ayude a entender este concepto y sobre todo a desmontar a nuestros sabios iluminados.

Un abrazo a todos!!!